BENEDICTO XVI ANTE LA JUSTICIA UNIVERSAL Y ANTE DIOS


Ratzinger: ¿Presunto encubridor de pederastas?


Este titular en la España católica es inasumible y de entrada se puede considerar una ofensa al actual Papa. Y ciertas editoriales arderán entre complejos y prejuicios arcaicos, al tratar esta noticia. Pero si analizamos la manera que la Iglesia entiende las relaciones con el mundo laico, comprenderemos que su reino no es de este mundo, ni sus leyes son las suyas. Para la Iglesia existen pecados y para ello tiene el Derecho Canónico. Pero todo se desarrolla en el mundo de las conciencias. Antes de proseguir hay que aclarar que la religión encuentra pecados donde el mundo laico reconoce derechos. Por ejemplo, la libertad sexual. El reo de pecado es absuelto si se cumple cinco condiciones: Examen de conciencia, dolor de corazón, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia impuesta. Cuando los pecados reconocidos por la Iglesia no afectan a delitos del Código Penal, todo queda en el ámbito de lo privado. Pero si, como sucede en el tema de la pederastia, este pecado se corresponde con un delito laico y muy grave, el eclesiástico de turno debe saltar la jurisdicción intramuros de la Iglesia y presentar una denuncia ante las autoridades civiles. De esta forma el pecador se convierte en presunto delincuente. En todas estas historias que ahora se están conociendo, la Iglesia y al parecer personalidades muy significativas, han mirado hacia otro lado porque su reino no es de otro mundo. La iglesia está formada por hombres que según su código pueden cometer pecados, pero cuando hay pecados que además son crímenes horrendos, la aplicación de un juicio canónico no es suficiente. El mismísimo Benedicto XVI, debe someterse a la Justicia Universal. Si la Iglesia no se somete a las leyes civiles cuando sus prelados y clérigos hayan cometido presuntamente delitos, algo a podrido huele en el orbe católico. Pedro Taracena Gil