LA MUJER, LA RELIGIÓN Y LA CULTURA




DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA (1)


Felicidades, mujer. Y perdón…


A estas alturas del siglo XXI, haciendo una perspectiva de los logros obtenidos en los derechos de las mujeres, lejos de caer en autocomplacencia, debemos de seguir alerta a los detractores de la igualdad entre todos los seres humanos. Los enemigos de los derechos de las mujeres están, también, entre las mujeres de la derecha. No solamente no apoyaron la ley que propiciaba los mismos derechos, sino que ahora desean suprimir el Ministerio de Igualdad. Otro gran colectivo de mujeres en contra de su propia igualdad, se oculta en la Iglesia. Y en la enseñanza  de los colegios católicos, donde se mutilan los derechos de las mujeres, bajo la hipocresía del derecho de los padres a la libre elección del centro. Si además este centro segrega a los niños de las niñas, mejor. Si las mujeres que integran  estas instituciones tomaran conciencia de que ellas y sus hijas tienen los mismos derechos que sus maridos y padres de sus hijas, la igualdad sería una realidad. No olvidemos que fueron las mujeres sufragistas las que más lucharon por su derecho al voto. Pero los hombres debemos de entonar el mea culpa en un día como hoy y obrar en consecuencia, sin dilaciones. Perdón por haberte despedido del trabajo porque te habías quedado embarazada. Perdón por no ascenderte porque tenías hijos. Perdón por haberte echado de un lugar público porque estabas amamantando a tu hijo con el pecho fuera. Perdón por haberte echado de casa porque te quedaste embarazada de tu novio. Perdón porque siendo tu compañero de colegio he abusado de ti sexualmente. Perdón porque he creído que eras de mi propiedad y te he maltratado hasta matarte. Perdón por los celos machistas que habitualmente te proceso. Perdón por haberte ayudado a soportar las faenas de la casa, en lugar de aprender a compartirlas. Perdón por no haber educado a tus hermanos para que fueran igual que tú en todo. Perdón por negarte la entrada en las cofradías vetadas por los hombres para las mujeres. Perdón por no dejar que degustes los placeres de la cocina en las sociedades gastronómicas solo para hombres. Perdón porque no te dejo ser obispa o sacerdotisa de la Iglesia Católica. En fin, mil perdones por no haberte considerado como yo. Igual que yo y con los mismos derechos. 




DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA (2)

Ojalá ya no volviéramos a celebrar, jamás, el día 8 de marzo como el día de la mujer trabajadora. Este hecho supondría que los hijos habíamos dejado de considerar a nuestras madres, como eternas criadas, aprovechándonos de su espíritu maternal, abnegación e inmolación por nosotros. La ausencia de esta fecha como reivindicativa, daría muestras de que los esposos, amantes, parejas y demás acompañantes en el acontecer de la vida de toda mujer, habíamos cambiado nuestro comportamiento. Dejaríamos de ser testigos parásitos desde el sofá viendo el telediario, de las faenas de nuestra mujer en la cocina, preparando la cena. Los hombres nos sentamos a ver la televisión porque venimos de trabajar ocho o diez horas. Nuestra hipocresía no tiene límites al negar ese mismo cansancio a nuestras compañeras. Este día simbólico tendrá que seguir celebrándose, mientras, nuestras compañeras de trabajo sigan siendo de segunda nivel. Hasta que no abandonemos nuestras pretensiones de que las mujeres sean, allí donde estemos, la prolongación de nuestras madres. Realizando los trabajos más inferiores y serviles muchos de ellos. A nosotros esto nos va muy bien. Es una hipocresía por nuestra parte, que el día 8 de marzo felicitemos a la mujer trabajadora, mientras no tengamos ningún interés en que abandonen todas esas funciones a nuestro servicio. No obstante, de vosotras las mujeres, también depende que vuestro status cambie. No os dejéis engañar con las celebraciones de esta fecha. A pesar de todo, felicidades mujer trabajadora. Allí donde te encuentres



DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA (3)

El día 8 de marzo se celebra el día de la mujer trabajadora y por ese motivo se felicita a las mujeres que lo son, bien en su casa o fuera de ella. Yo pienso que esta jornada se debe de utilizar para desagraviar y pedir perdón por el escarnio histórico, por acción u omisión, al cual ha sido sometida la mujer a lo largo de la historia.  La responsabilidad directa recae en el hombre, verdugo  fiel que jamás ha faltado a la cita, allí donde se le requería para doblegar, esclavizar de mil maneras a la mujer. Es decir a su madre, hermana, hija, amante, novia, compañera, colega, niña, adolescente, joven, adulta o longeva. El sexo femenino ha sido propiedad del hombre. Toda la llamada civilización ha estructurado la sociedad subyugando a la mujer, por el hecho de serlo. Se le ha masacrado desde su anulación como persona igual al hombre, hasta la muerta más horrenda. El cinismo machista nos ha llevado a camuflarnos bajo la máscara de la hipocresía y hasta aquellos hombres que nos creíamos menos machistas, los hábitos culturales nos servían en bandeja el disfrutar de una tolerancia, que negábamos a nuestras mujeres. Por eso hoy no me atrevo a felicitar a la mujer trabajada. Me siento más noble pidiéndole perdón por haberle ayudado, cuando debía de haber compartido la carga. Echarle una mano cuando debía de haber emprendido la tarea completa. Le pido perdón por haber comprado mi libertad, trayendo dinero a casa, porque tenía que haber trabajado en el hogar igual que si no lo hubiera  traído. Siento arrepentimiento por haber perpetuado el machismo a través de mis hijos varones.  Pido perdón, también, porque he robado muchas horas a mi familia, olvidando que mi mujer también defendía un puesto de trabajo; justificando que sólo el trabajo del hombre debía ser valorado. En fin, jamás te felicitaré mujer, por este día. Jamás se debería de celebrar en un país democrático.  Hoy  es el día de la igualdad entre la mujer y el hombre, en todo. Hoy será un gran día para todo hombre que descubra que a su lado tiene un ser humano igual que él. Una mujer.




DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA  (4)

Un año más, felicidades mujer. Felicidades, hasta que llegue el día en el cual, ya no sea necesario felicitar a la mujer trabajadora, porque su discriminación habrá desaparecido. Ojalá que los eventos que celebramos todos los años el día 8 de marzo, estén olvidados porque la desaparición de la cultura machista, haya borrado aquel hito. Sería el imperio del ser humano, sin más. En este deseado cambio, mucho tenemos que hacer los hombres aunque nos cueste vencer los fundamentos históricos de nuestro malentendido, ser machos. Estamos dando ciertos pasos hacia formas más sensibles y aceptamos con agrado manifestar ternura a nuestros hijos pequeños. Vemos con cierta tolerancia que nuestro hijo varón pequeño, duerma todas las noches con su osito de peluche. No obstante, nuestros fundamentos de hombre se tambalean, si nuestro hijo varón quisiera, como su hermana, manifestar su ternura a una muñeca, imitando a su mamá. ¡Hasta aquí podíamos llegar! Vencer este detalle sería el comienzo de una interminable cadena de pequeñas renuncias sexistas, a favor del ser humano, donde el niño y el hombre fueran considerados igual de machos, tanto si hacen la colada y ponen la mesa, como si juegan con juguetes de identificación humana, no-sexista. Por todo ello, desde la promesa de colaborar en este empeño, muchas felicidades, mujer.





EL USO DEL HIJAB

Que nadie dude porque es objetivamente cierto, que la utilización del pañuelo por las mujeres musulmanas, es una prescripción religiosa. No es una costumbre cultural como pueda ser un traje regional, tampoco es una identificación étnica ajena a la religión. Es una imposición divina, que emana de El Sagrado Corán y la Sunna del Profeta. La mujer cubre su cuerpo en su totalidad, como expresión de su modestia para evitar la excitación sexual que puede provocar en el hombre. Es posible que algún padre se sorprenda, porque a su hija le prohíben la entrada en un colegio a causa del uso del pañuelo. Pero cuando declara que es decisión libre de su hija, y su prohibición le supone un trauma, este padre miente. Porque si no es capaz de explicar a su hija que vive en un país donde los otros padres de las otras niñas, no les han impuestos estas normas que son religiosas y privadas, entonces, estamos ante unos comportamientos llevados por el fanatismo, no por la razón. Y estos padres utilizan a sus hijas para practicar una variable más de integrismo. Los niños toman los modelos de los padres y los padres a su vez están orgullosos de que sus hijos sean fieles a la tradición. Además de una connotación sexual, el uso de vestimentas impuestas a las mujeres por su religión, tiene un segundo motivo y es la sumisión y la dependencia de sometimiento al hombre. Que nadie se rasgue las vestiduras, porque esta desigualdad entre los hombres y las mujeres en las tres religiones monoteístas, es genuina desde sus raíces. El Antiguo Testamento de la Biblia y La Torá de los hebreos o israelitas; La Biblia y el Nuevo Testamento de los cristianos y El Corán de los musulmanes, la imagen de la mujer queda muy mal parada, con respecto al hombre. Y por mucho que hayan evolucionado los países donde tuvieron su origen, allí donde impera su influencia, las mujeres están postergadas. El colmo del cinismo machista de estos colectivos es cuando se les ve por la calle lucir ropa del marca del siglo XXI, incluyendo camisetas de hombreras y vaqueros, mientas sus compañeras les acompañan a dos pasos de ellos, tapadas hasta la cabeza, en verano y con el niño a cuestas. Es normal que este estado de cosas sean bien vistas por Camino, el alta voz de los obispos. Ve con buenos ojos que en las aulas estén los crucifijos, símbolo del nacionalcatolicismo y que las niñas entren en la escuela mostrando la sumisión a su religión y tapándose para no provocar sexualmente a los otros niños. Pero Camino no tiene nada que decir cuando a las niñas españolas de origen africano, se les practica la ablación. Menos mal que la extirpación del clítoris, sólo les impide gozar del orgasmo. Si les impidiese ser madres, entonces, estaríamos ante el control de natalidad o el aborto y esos sí son crímenes. La polémica se resuelve aplicado el sentido común, como si Dios no existiera. Cuando España sea cada vez más laica. Esto sucederá cuando la Constitución Española no sea interpretada por los obispos. La libertad religiosa según el concilio Vaticano II, es otra cosa y los prelados lo saben. Perdieron el púlpito y el confesionario, sólo les quedan sus colegios, universidades, hospitales y la COPE. 

LA ABLACIÓN

En nuestro país, sin ir más lejos, no pocas niñas están siendo víctimas de otro atropello fanático: La ablación. Pero estemos tranquilos, que los obispos no elevarán su voz contra estas castraciones. Esta actitud también tiene una interpretación cristiana. A una niña a la que se le extirpa el clítoris, mediante el acto carnicero de la ablación, le han privado para siempre de las sensaciones que su cuerpo, según ha sido creado, le llevarían al orgasmo, máximo placer femenino. Para los obispos la ablación no aparta a la mujer de su fin, que es la maternidad. De esta manera, una mujer sin clítoris se acerca más a la Inmaculada Concepción, símbolo de la maternidad sin placer y sin dolor. Si se ha violado el quinto mandamiento que condena toda agresión a la vida humana y su integridad física, es menos importante que la pureza y la virginidad. En el Congreso de los Diputados, la España de izquierdas, laica y demócrata, explicaba el otro día ante el espanto y la intolerancia de las derecha, una solución médica y científica para reconstruir el clítoris de la mujeres, Sí, para que puedan realizarse sexualmente como mujeres, al margen de que deseen ser madres. No se me ocurre añadir más…